viernes, 20 de diciembre de 2013

Hoy quemé tu carta, la única que me escribiste... y yo te he estado escribiendo a diario –sin que tú lo sepas– día tras día, a veces con amor, a veces con desolación, a veces con rencor. Tu carta la conozco de memoria: catorce líneas, ochenta y ocho palabras, diecinueve comas, once puntos y seguido, diecisiete acentos ortográficos y ni una sola verdad.

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