Lloro por él. Y por él también.
Por lo mucho que lo quise y por lo poco que entendí cuando me dejó.
Por los días que lo esperé como loca. Por los meses que le lloré, por las noches con eterna depresión, por los días con la misma rutina, que se hizo eterna también.
Lloro por el milagro de haber encontrado a alguien y por haberlo lastimado tanto.
Por sus ganas de siempre buscarme, por soportar y limpiar las lágrimas que ni siquiera eran por él.
Lloro porque me amó, a pesar de todo.
Pero lloro porque lo dejé ir por llorarle a alguien más.
Lloro porque tal vez ya no habrá "otra vez".
Qué ganas de matarte y mentarte la madre. En serio qué ganas.
Estúpido Pablo.
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